lunes, 29 de marzo de 2010

Carta que nunca vas a leer


   ¿Cómo estás? Yo te cuento que estoy muy bien, tranquila... Distinta. Distinta para mejor. Admito que te extraño a veces. Sí, ya se, se supone que debería odiarte.. Pero la verdad es que no me pasa ni un poco. Al contrario. 
   Te fuiste de mi vida tan rápido como llegaste, pero dejaste muchas cosas en el medio, casi sin darte cuenta. Yo estaba en uno de mis peores momentos cuando te conocí. No tenía ganas de nada, no estaba contenta ni triste. Nada me llamaba la atención, nada me motivaba, había perdido todo tipo de esperanza en lo que sea. 
   Hoy en día estoy muchísimo mejor, y aunque no lo creas, una parte importante de ello es mérito tuyo. Apareciste en medio de todo esto y me hiciste dudar del paradigma instaladísimo que tenía. Como dice la entrada anterior, me hiciste recordar ese viejo yo que olvidé que alguna vez existió. Había perdido la confianza y esperanza... en la gente sobretodo. Sentía que todo el mundo, y, especialmente los hombres, no valían un centavo. Ya ni ganas de conocer a nadie tenía... Y conocerte me sirvió de lección para corregir ese error. Me di cuenta que no todo es tán así, y no todo está perdido. Que no son "todos iguales". Que, así como te conocí a vos, que sos un pibe excelente, también quedan cientos de otros por ahí, esperando por cruzarse en mi camino. Es por eso que hoy estoy un poco amigada con la vida y con el sistema. Me siento más tranquila, mas fresca. Ya no tengo bronca ni rencor. ¿Porqué debería?
   
   Qué lástima que nunca vayas a leer esto. Pero... si, por algún motivo, lo hacés: Gracias. Me hiciste muy bien y voy a estar eternamente agradecida por eso. Te deseo lo mejor y ojalá la vida nos vuelva a cruzar pronto.



No hay comentarios:

Publicar un comentario