Iba a escribir esto ayer ni bien llegué, pero no quería escribirlo en caliente, así que decidí consultarlo con la almohada y sacar algo de todo eso.
La noche de ayer fue... Rara. Empezó muy bien; risas, besos, boludeo, más risas. Le siguieron la cucharita y los mimos. La mayoría del tiempo me senti bien, pero por momentos se mantuvo esa sensación interior como de que algo estaba mal. De hecho, yo sabía muy bien que lo estaba, pero como buen ser humano, si hay una posibilidad de complicarse la vida, ¿Porqué no tomarla?.
Qué raro yo, ignorando mi intuición. Qué raro, haciendo exactamente lo opuesto a los consejos de la gente que me quiere. Qué raro, auto-denigrándome. Qué raro, tomando el expreso directo a "Sufra Aquí".
Y entonces pasó. Viste cuando decís "¿Qué hago acá?", bueno. Ayer fue una de esas veces. Nunca me había pasado, pero como bien se dice, siempre hay una primera vez para todo.
Tuve el impulso inmediato de irme. Quería salir de ahí, de su lado, de sus complicaciones, de su vida. El había ido a la habitación de al lado a atender el téfono. Cuando volvió yo ya estaba vestida, atándome las zapatillas. Se quedo pasmado, no entendía nada. Le dije que me iba. Me preguntó por qué. Fui cruda y directa en mi respuesta. Me pidió que me quede y se disculpo por sus errores numerosas veces. Finalmente se rindió y me acompañó a buscar una forma de volver a casa.
Ahí estaba yo, vagando por San Martín a las 6 de la mañana, viendo como carajo volver a casa desde ahí. El viaje de regreso fue largo, y bastante triste. Pero me sirvió para pensar mucho. Me replanteé un montón de cosas, y llegué a la conclusión de que no tengo la fuerza y/o inteligencia necesaria para hacer el cambio que necesito. Lo admito. Yo SE que tengo que hacer el cambio, se QUE tengo que hacer; pero cuando llega el momento de los papeles... Flaqueo. No puedo evitarlo.
Tomé la decisión de volver al psicólogo. Uno nuevo, grande, y preferentemente hombre. Claramente, necesito ayuda.